El pájaro de fuego (cuento)

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EL pájaro de fuego
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17 x 24 cm. 32 páginas.
Cuento popular ruso, lo pueden disfrutar tanto los niños, como jóvenes y adultos. Hay un triángulo en este cuento que narra la misteriosa relación de tres seres que podían no haberse encontrado nunca.
Título originalEL pájaro de fuego
ColaboraciónSelección de Marcela Carranza, Traducción de Pepín Cascarón
Editorial:Imaginaria: Revista quincenal sobre literatura infantil y juvenil
IlustracionesIvan Bilibin
ISBN978 84 938858 6 1
DistribuciónEn forma gratuita por Imaginaria: www.imaginaria.com.ar


Historia que supone un viaje desde el amor. Cuenta con hermosas imágenes que hacen que por los ojos del lector entre un relato sencillo, luminoso y valiente.

Sinopsis

La historia cuenta sobre el gran Zar Vislav, sus tres hijos y un pájaro con plumas, que se roba las manzanas de oro del castillo.

La aventura comienza cuando van a atrapar al pájaro: ....¿cómo atraparlo? ....¿Dónde encontrarlo? Acompaña al príncipe Iván en esta aventura, y disfruta de maravillosos momentos que se relatan.

Historia

En la mitología y folclore eslavo, el pájaro de fuego representa a un pájaro mágico descrito como un gran ave de majestuoso plumaje que brilla intensamente con una luz roja, ámbar y amarilla, como una hoguera que es sólo el pasado de una llama turbulenta que brilla intensamente en una tierra lejana, y es bendición y condena a la vez para su captor.

Esta ave es muy codiciada, pero el héroe, inicialmente maravillado por la maravillosa pluma, generalmente termina culpándola por los problemas que le causa.

La historia de la búsqueda del pájaro de fuego ha inspirado varias obras literarias, entre ellas El caballito jorobado de Piotr Yershov. El compositor Stravinski alcanzó un temprano éxito con su partitura para ballet, El pájaro de fuego.

El concepto del pájaro de fuego tiene paralelos en las leyendas iraníes de pájaros mágicos, en el cuento de hadas de los hermanos Grimm. El pájaro de oro y en otros pájaros mágicos rusos como Sirin.

La historia de la búsqueda en sí es cercanamente paralela a la del armenio Hazaran Blbul. Sin embargo, en el cuento armenio, el pájaro no brilla intensamente sino que hace florecer la tierra con su canto.

Origen y motivo

Originalmente es un cuento ruso y, como tal, existen varias variantes en la historia. La que aquí contamos es la siguiente: El príncipe Iván se encuentra con un pájaro de fuego en medio de una cacería. Lo persigue para atraparlo pero, cuando lo hace, se da cuenta que es mitad mujer humana y mitad pájaro.Entonces.........

El cuento

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En cierto reino vivía el zar Berendéi con sus tres hijos: los zaréviches Piotr, Vasili e Iván. Poseía el zar un hermoso jardín con un manzano que daba frutos de oro. El zar cuidaba mucho de este manzano: contaba las manzanas todas las noches y volvía a contarlas todas las mañanas.

Y una vez advirtió que durante la noche, alguien había entrado en el jardín, pues faltaba una manzana. Lo mismo comenzó a suceder noche tras noche. El zar puso guardias en el jardín, pero nadie podía descubrir al ladrón.

Triste, el zar dejó de comer y de beber, perdió la tranquilidad y el sueño. Sus hijos le decían para consolarle:

—No te apenes, querido padre, nosotros mismos guardaremos el jardín.Piotr, el hijo mayor dijo:

—Hoy me toca a mí vigilar el jardín.

Al anochecer fue a cumplir su cometido, pero por más vueltas que dio arriba y abajo, no descubrió a nadie.

Entonces se tumbó en la hierba y se quedó dormido. Cuando despertó faltaban varias manzanas de oro.

Temprano en la mañana el zar llamó al zarévich Piotr:

—¿Me traes buenas noticias? ¿Has descubierto al ladrón?

—No, querido padre; en toda la noche no he dormido, no he pegado un ojo, pero no he visto a nadie. A la noche siguiente fue el zarévich Vasili a guardar el jardín y también se durmió. Por la mañana faltaban más manzanas de oro.

—Hijo mío —le preguntó el zar— ¿has visto al ladrón?

—No, padre. He estado al acecho, no he cerrado los ojos, pero no he visto a nadie.

Le tocó al hermano menor, el zarévich Iván, hacer la guardia en el jardín. Por miedo a quedarse dormido, no se atrevía ni a sentarse. Si sentía sueño se lavaba con el rocío que bañaba la hierba y reanudaba la vigilancia.

A eso de la medianoche, un gran resplandor iluminó el jardín como en pleno día. El zarévich vio que un pájaro de fuego estaba posado en una rama del manzano y picoteaba las manzanas de oro.

Iván se acercó sigiloso al manzano y asió de la cola al ave. Pero el pájaro de fuego se debatió con tanta fuerza que logró escapar, dejando en la mano del zarévich una pluma de su cola.

A la mañana siguiente, el zarévich Iván se presentó ante su padre.

El zar le preguntó:

—Di, querido Iván, ¿has visto al ladrón?

—No lo he atrapado, querido padre, pero sé ya quién comete fechorías en vuestro jardín. Aquí tienes un recuerdo del ladrón. Es el pájaro de fuego.

Tomó el zar la pluma y recobró el apetito y el buen humor. Pero he aquí que una mañana se levantó con el pensamiento puesto en el pájaro de fuego. Llamó a sus hijos y les dijo:

—Queridos hijos ¿por qué no vais a recorrer el mundo hasta encontrar al pájaro de fuego? Si no lo hacéis así, cualquier día volverá por aquí a robarme mis manzanas.

Los hijos se inclinaron ante su padre, ensillaron briosos corceles y se pusieron en camino, cada uno en una dirección.

El zarévich Iván cabalgó mucho tiempo y llegó a una encrucijada. Allí, en un mojón de piedra, estaba escrito:

“Aquel que siga por el camino de en medio, sufrirá frío y hambre; el que coja el de la derecha, saldrá sano y salvo, pero perderá su caballo; y el que vaya por el de la izquierda, será asesinado, pero su caballo vivirá.”

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Tras reflexionar un instante, el zarévich Iván tomó por el camino de la derecha.

Cabalgó durante tres días y llegó a un bosque grande y sombrío. De pronto, un lobo gris le salió al encuentro. Sin dar tiempo a que el zarévich desenvainara la espada, el lobo degolló a su caballo y despareció en la espesura.

Quedó Iván muy entristecido. ¿A dónde podía ir sin el caballo?

—En fin —se dijo— iré a pie.

Caminó el zarévich Iván hasta que se sintió invadido de un cansancio mortal. Apenas se había dejado caer agotado sobre un tronco, cuando un gran lobo gris surgió del bosque:

—¿Por qué, zarevich Iván, te veo tan triste, tan abatido? —preguntó el lobo.

—¿Cómo no voy a estarlo, lobo gris? Me he quedado sin mi buen caballo.

—Tú fuiste quien escogió este camino. Sin embargo me da pena verte tan cabizbajo. Dime ¿qué te lleva tan lejos?

¿A dónde vas?

—Mi padre, el zar Berendéi, me ha enviado a recorrer el mundo en busca del pájaro de fuego.

—En tu buen caballo no hubieras encontrado el pájaro de fuego en tres años. Sólo yo sé dónde anida y sólo yo puedo ayudarte a atraparlo. En fin, ya que me he comido tu caballo, te serviré fielmente. Monta en mi lomo y sujétate con fuerza.

El zarévich Iván obedeció y el lobo salió disparado, cruzando como una exhalación los bosques y los lagos. Por fin llegaron a una fortaleza de altas murallas.

El lobo se detuvo y dijo:

—Escúchame Iván Zarévich, y recuerda bien lo que te digo. Salta la muralla, y no tengas miedo, que toda la guardia está durmiendo. En un palacete verás una ventana en la que hay una jaula de oro con el pájaro de fuego. Toma el pájaro y guárdalo en el seno, pero ten buen cuidado de no tocar la jaula o te sucederá una gran desgracia.

Saltó el zarévich Iván la muralla y vio el palacete en cuya ventana descansaba la jaula de oro con el pájaro de fuego. Tomó el ave y la ocultó en el seno, pero quedó encandilado mirando la jaula. En su corazón se encendió la codicia. “¿Acaso puedo dejar aquí una jaula tan preciosa?”, se dijo. Olvidó el zarévich lo que le había advertido el lobo y tendió la mano hacia la jaula.

Pero en cuanto sus dedos la rozaron, sonaron en toda la fortaleza clarines y tambores. La guardia se despertó, apresó al zarévich Iván y lo llevó ante el zar Afrón.

El zar Afrón montó en cólera y preguntó al zarévich Iván:

—¿Quién eres? ¿De dónde has venido? ¿De qué padre eres hijo?

—Me llamo Iván Zarévich, hijo del zar Berendéi. Tu pájaro de fuego acostumbra robar las manzanas de oro del jardín de mi padre. Entonces él me envió a buscarlo y atraparlo.

—¡Qué vergüenza! ¡El hijo de un zar metido a ladrón! Si hubieras venido honradamente y me lo hubieras pedido, te lo habría dado, movido por el aprecio que tengo a tu padre. Aunque, mira, si me prestas un servicio, te perdonaré e incluso te daré el pájaro de fuego. Pero tendrás que cruzar los veintinueve países, hasta llegar al trigésimo, donde reina el zar Kusmán, y traerme su caballo de crines de oro.

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Muy triste regresó el zarévich Iván a dónde le estaba esperando el lobo gris. El lobo le reprochó: —¡No te dije que no tocaras la jaula! ¿Por qué no me hiciste caso?

—Perdóname, por favor! ¡Perdóname lobo gris!

—¡Monta! ¡Enganchado al carro, no te quejes de la carga!

De nuevo corrió el lobo más veloz que el viento llevando encima al zarévich Iván. En poquísimo tiempo llegaron a la fortaleza del zar Kusmán.

El lobo se detuvo y dijo:—Salta el muro, zarévich Iván. La guardia está durmiendo. Ve a la cuadra y saca de allí el caballo, pero ten buen cuidado de no tocar la brida, o volverá a sucederte una gran desgracia.

Saltó el zarévich Iván el muro, aprovechando que la guardia estaba durmiendo, se introdujo en la cuadra y atrapó el caballo de crines de oro; iba ya a partir cuando vio la brida de oro que colgaba de la pared y se dijo: “¿Cómo voy a llevarme el caballo sin la brida?¡Y es tan hermosa!” Pero en cuanto tocó el zarévich la brida, al instante sonaron en la fortaleza clarines y tambores. La guardia se despertó, apresó al zarévich y lo llevó ante el zar Kusmán.

—¿Quién eres? ¿De dónde has venido? ¿De qué padre eres hijo?

Soy el zarévich Iván, hijo del zar Berendéi.

¿Y no se te ha ocurrido nada mejor que robar un caballo? ¡Pero si eso no lo haría un simple mujik! ¡Si hubieras venido a mi encuentro honradamente, yo, por respeto a tu padre, te hubiera regalado mi caballo! En fin, zarévich Iván, te perdonaré si me prestas un servicio. El zar Dalmat tiene una hija que se llama Elena la Hermosa. Ráptala, tráela aquí y te daré el caballo de crines de oro con su brida.

Más triste todavía que antes regresó el zarévich Iván a donde le estaba esperando el lobo.

—¿No te dije, zarévich Iván —le reprochó el lobo—, que no tocaras la brida? ¿Por qué no me has hecho caso? ¡Yo me desvivo por servirte y tú lo echas todo a perder!

—¡Perdóname, te lo suplico! ¡Perdóname, lobo gris!

—En fin, monta sobre mi lomo.

Y el lobo gris partió veloz como el viento. En poco tiempo llegaron al reino del zar Dalmat. En el jardín de la fortaleza paseaba Elena la Hermosa, acompañada de sus ayas y criadas. El lobo gris dijo: —Esta vez, zarévich, iré yo mismo a buscar a la princesa.

Tú emprende el regreso, que pronto te daré alcance. Emprendió el zarévich Iván el regreso y el lobo gris saltó el muro y se introdujo en el jardín. Se agazapó al pie de un arbusto y vio que Elena la Hermosa salía al jardín con sus fieles servidoras. Elena estuvo un buen rato paseando y, en cuanto quedó un poco a la zaga de sus ayas y criadas, el lobo la asió de sus ropas, se la echó al lomo y huyó con ella.

Iba el zarévich Iván por el camino y de pronto vio que el lobo, llevando a Elena la Hermosa, le daba alcance. El zarevich Iván se puso muy contento.

—¡Monta sin pérdida de tiempo! —Gritó el lobo—. ¡Van a perseguirnos!

El lobo corría veloz, cruzando como una exhalación bosques, ríos y lagos. Por fin, llegó con Elena la Hermosa y el zarévich Iván al reino del zar Kusmán. Preguntó el lobo:

—¿Por qué te veo tan triste y abatido, zarévich Iván?

—¿Cómo quieres que no esté triste, lobo gris? ¡Amo a Elena la Hermosa con todo mi corazón! ¿Acaso puedo cambiarla por un caballo?

El lobo gris le respondió:

—No te separaré de tu amada. Voy a transformarme en Elena la Hermosa y tú me entregarás al zar Kusman. Mientras, la princesa te aguardará en este bosque y, cuando tengas el caballo de crines de oro, vendrás a buscarla. Partid enseguida los dos, que yo me reuniré con vosotros un poco más tarde.

Escondieron a Elena en una cabaña que había en medio del bosque. El lobo dio una voltereta y quedó convertido en Elena la Hermosa. El zarévich Iván lo llevó ante el zar Kusmán. El zar se alegró mucho y dio las gracias al zarévich diciéndole:

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—Te agradezco mucho, Iván Zarévich, que me hayas traído la novia. Toma el caballo de crines de oro con su brida.


Montó el zarévich Iván a lomo del caballo y fue en busca de Elena la Hermosa. La sentó a la grupa del corcel y se dirigió al reino del zar Afrón.

Mientras, el zar Kusmán se casaba. El festín se prolongó hasta altas horas de la noche. Cuando se hizo la hora de dormir el zar llevó a Elena la Hermosa a su habitación, pero en cuanto se acostó a su lado vio que el lugar de su joven esposa estaba ocupado por un lobo.

El zar, espantado, se cayó de la cama, y el lobo huyó. Dio el lobo gris alcance al zarévich Iván y le dijo: —¡Súbete a mi lomo! ¡Déjale el caballo a la princesa!

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Cuando llegaron al reino del zar Afrón, el lobo preguntó:

—¿Por qué te veo tan pensativo, zarévich Iván?

—¿Cómo quieres que no lo esté? Me da pena separarme de un tesoro como el caballo de crines de oro, me da pena cambiarlo por el pájaro de fuego.

—No te apenes, yo te ayudaré.

Llegaron al reino del zar Afrón, y el lobo dijo:

—Oculta a Elena la Hermosa y al caballo, yo me convertiré en el corcel de crines de oro y tú me llevarás ante el zar Afrón.

Ocultaron a Elena la Hermosa y al caballo en el bosque. El lobo gris dio una voltereta y se convirtió en el caballo de crines de oro. El zarévich lo llevó ante el zar Afrón. Al verlos, el zar se alegró muchísimo, salió a recibirlos y los condujo al palacio. Entregó a Iván el pájaro de fuego en su jaula de oro.

El zarévich Iván regresó al bosque, montó a Elena la Hermosa en el caballo de crines de oro, tomó la preciosa jaula con el pájaro de fuego y se dirigió al reino de su padre.

Entretanto, el zar Afrón quiso probar el caballo y organizó una cacería. En el bosque los cazadores se lanzaron tras las huellas de un zorro. El caballo de crines de oro galopaba veloz y dejó atrás a todos los demás. El caballo se encabritó, el zar saltó de la silla y cayó de cabeza en un cenagal. En lugar de un caballo con las crines de oro, fue un lobo gris el que se dio a la fuga. Cuando levantaron al zar y lo limpiaron, el lobo había desaparecido.

Fue el lobo gris a reunirse con el zarévich Iván y le hizo montar en su lomo. Al llegar al lugar donde se habían encontrado por primera vez, el lobo gris dijo:

¡Aquí degollé a tu caballo, Iván Zarévich, despidámonos, yo no puedo ir más allá!

El zarévich Iván echó pie a tierra, hizo tres profundas reverencias al lobo gris y le dio las gracias con mucho respeto.

El lobo gris le dijo:

—No te despidas de mí para siempre, zarévich, que todavía he de serte útil.

“¿Cómo vas a serme útil, si ya se han cumplido todos mis deseos?”, pensó el zarévich Iván. Luego, montó a lomos del caballo de crines de oro y prosiguió su camino con Elena la Hermosa y el pájaro de fuego. Poco antes de llegar a los dominios del zar Berendéi al zarévich se le ocurrió descansar un rato. Llevaban consigo un poco de pan, lo comieron, bebieron agua de un manantial, se echaron sobre la hierba y enseguida se durmieron.

En cuanto el zarévich Iván se quedó dormido, llegaron al paraje aquel sus hermanos mayores. Los zaréviches Piotr y Vasili regresaban al palacio de su padre con las manos vacías. Al ver que su hermano menor, Iván, lo había conseguido todo, enloquecieron de envidia.

—Matemos a Iván y todo será nuestro —dijeron.

Y he aquí que desenvainaron sus espadas y cortaron la cabeza al zarévich Iván. Elena la Hermosa se despertó. La princesa se asustó mucho al ver muerto al zarévich Iván y rompió a llorar amargamente.

Piotr Zarévich apoyó la punta de su espada sobre el corazón de Elena la Hermosa y le dijo:

—¡No se te ocurra decir una palabra! Ahora te conduciremos a presencia del zar, nuestro padre, y le dirás que hemos sido nosotros quienes te hemos conquistado. A ti, al caballo de crines de oro y al pájaro de fuego. Si no prometes hacerlo así, te mato ahora mismo.

Elena la Hermosa tuvo miedo de morir y juró todo lo que le pidieron.

Los hermanos echaron entonces a suertes para decidir quién se quedaría con la hermosa princesa y quién se quedaría con el caballo de las crines de oro. El resultado fue que la princesa sería para Piotr Zarévich y el caballo de las crines de oro para Vasili Zarévich. Y, llevando consigo el pájaro de fuego, se pusieron en camino rumbo al palacio de su padre, el zar Berendéi.

El zarévich Iván yacía muerto en el valle y los cuervos revoloteaban sobre su cuerpo. Entonces salió del bosque el lobo gris y apresó a un cuervo y a su corvato.

—Vuela, cuervo, en busca de agua de la vida y agua de la muerte. Si las traes, soltaré a tu corvato. Viendo que no tenía otra salida, el cuervo levantó el vuelo y el lobo quedó sujetando al corvato. No se sabe si fue mucho o poco el tiempo que estuvo volando el cuervo. Lo que sí se sabe es que trajo el agua de la vida y el agua de la muerte. El lobo cogió al pequeño cuervo y lo partió en dos. Después unió las dos mitades y las roció con el agua de la muerte, y las dos mitades se unieron. El lobo las roció con el agua de la vida, y el pájaro graznó y alzó el vuelo.

El lobo gris colocó la cabeza de Iván Zarévich sobre su cuello y la roció con el agua de la muerte. El cuerpo se soldó de inmediato. Lo roció con agua de la vida, e Iván Zarévich bostezó, se despertó y dijo: —¡Cuan profundamente dormía!

—Tan profundamente —le dijo el lobo gris— que de no ser por mí no te hubieras despertado nunca. Tus hermanos te mataron y se llevaron a Elena la Hermosa, al caballo de crines de oro y al pájaro de fuego. Monta en mí sin pérdida de tiempo.

El zarévich Iván montó a lomos del lobo gris, y se dirigieron a toda velocidad hacia el reino del zar Berendéi hasta llegar a la ciudad principal.

El zarévich Iván se apeó del lobo gris, despidiéndose de él para siempre. Cuando llegó al palacio, se encontró con que su hermano mayor, Piotr Zarévich, se había casado con Elena la Hermosa y, después de la ceremonia, presidía el banquete de esponsales.

Iván Zarévich entró en la sala, Elena la Hermosa corrió a él en cuanto lo vio y dijo: —Mi prometido es éste, el zarévich Iván, y no ese malvado que está sentado a la mesa. Al descubrir la verdad, el zar Berendéi montó en terrible cólera e hizo encerrar a los zaréviches Piotr y Vasili en una mazmorra.

El zarévich Iván se casó con Elena la Hermosa y vivieron muchos años felices, tan unidos que no podían pasar ni un minuto el uno sin el otro.

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Curiosidades sobre el cuento

El Pájaro de fuego (l’Oiseau de feu) es un cuento de hadas ruso llevado al ballet en 1910 y musicalizado por Igor Stravinski. Es un relato coreográfico en dos partes y siete cuadros.

Se basa en historias folclóricas rusas sobre un ave mágica de brillo intenso (el Zhar-Ptitsa o Pájaro de fuego) que se convierte tanto en una bendición como una maldición para su captor.

Personajes de la obra

Es la versión rusa del mito del ave Fénix, pero a menudo no es sino un señuelo para los jóvenes valientes que van en busca de la fama y la fortuna.

Zarévich Iván: es el hijo menor del zar Berendéi y quien encuentra, con la ayuda del lobo, al pájaro de fuego. Es desobediente y codicioso.

El lobo: es un mago que logra cambiar su aspecto y transformarse en caballo y en Elena para engañar al Zar. Ayuda al zarévich Ivan a encontrar el pájaro de fuego.

El zar: es el personaje más importante del folclore ruso. A menudo el héroe comparece ante el zar antes de emprender sus aventuras. A los zares siempre les falta una hermosa novia, pájaros de fuego o intrépidos caballos. Por eso, los zares siempre envían a jóvenes valientes su propio hijo, un caballero audaz que se encuentra a su servicio o un viajero recién llegado a reinos remotos en busca de aquello que quieren conseguir. A veces pasa que nuestro héroe tiene una audiencia con el zar en mitad de la historia y entonces la petición que le hace el zar da una vuelta de tuerca a la historia, pues complica la vida del protagonista pidiéndole que alcance nuevos objetivos.

Mediación pedagógica sugerida

Después de la lectura del cuento y antes de ver el espectáculo

Nuestra puesta en escena: una vez que lee el cuento con sus estudiantes, hagan una puesta en escena con títeres. Lo primero que deben realizar es el guion literario y técnico, es decir un texto que indique cómo se va a presentar la obra, qué van a decir cada uno de los personajes y dónde lo van a decir.

Es importante distribuir tareas y que los estudiantes trabajen en subgrupos. Una vez listos estos elementos, construya, usando cartulina, papel construcción u otros materiales, los personajes que participan en el cuento. Luego, ¡a elaborar el teatrino y empezar con los ensayos! Cuando estén preparados, presenten la propuesta a los padres de familia o a otro grupo de la institución.

Es necesario comentar las diferencias entre el texto que leyeron y la puesta en escena pues nunca van a ser iguales. También, en la discusión, intente que los estudiantes comenten sobre lo que esperan de la puesta en escena que van a ir a disfrutar al Teatro Nacional.

Durante el espectáculo

¿Cómo me comporto en el teatro? es importante que los estudiantes disfruten de la puesta en escena de forma individual. Dígales que eviten hacer comentarios entre ellos y que no se distraigan tomando fotos o apuntes. Además, cuando el espectáculo da inicio es preferible que no salgan ni se pongan de pie. En el teatro se goza, se deleita, se exploran nuevos mundos sobrenaturales, mágicos con seres extraordinarios como El Pájaro de Fuego.

Después de ver el espectáculo

Fiesta de disfraces: danza, música, luces, color, fuego y muchos más elementos estaban incorporados en la propuesta que observaron en el Teatro Nacional. Qué tal si para terminar de estudiar este cuento y la propuesta observada planean una fiesta de disfraces.

Con material que pueden reutilizar elaboran el vestuario y máscaras de los personajes. Una vez con el vestuario listo, seleccionan la música y a disfrutar del baile. Una actividad adicional: ya que hicieron las máscaras para el baile, ese mismo molde o imagen pueden hacerla en pequeña y construir, con cartulina, un juego de memoria. A este juego pueden incluirle preguntas sobre la puesta en escena y estas les pueden servir de punto de partida para una discusión.

Fuentes