Johann Rudolf Glauber

Johann Rudolf Glauber
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Johann Rudolf Glauber, químico alemán
NombreJohann Rudolf Glauber
Nacimiento1604
Karlstadt, baja Fran­conia, Bandera de Suecia Suecia
Fallecimiento1670
Amsterdam, Países Ba­jos, Bandera de Holanda Holanda
Nacionalidadalemana
Otros nombresGlauberio

Johann Rudolf Glauber. Médico, farmacéutico y químico alemán también llamado Glauberio, vivió en Viena, Salzburgo, Francfort del Main, Colonia y, desde 1864, en Holanda. Sin formación universitaria, trabajó como aprendiz en una farmacia de Giesen y regentó posteriormente otra en Ámsterdam, con toda esta experiencia compuso su “Pharmacopea Spargirica” (Ámsterdam, 1665), que conoció varias ediciones en diferentes idiomas, así como un “Tractatus de Medicina Universali” (Ámsterdam, 1657), obras en las que ya cita su sal admirable y su espíritu de nitro fumante.

Síntesis biográfica

Nace en Karlstadt, a orillas del lago sueco de Vänern, en el año 1604; y muere en Amsterdam en el año 1670. Muy activo en sus labores como químico, ideó sus propios métodos de destilación, descubriendo varios tipos de espíritus, aceites y flores. Su mayor aportación fue la conocida "sal Glauber" (sulfato de sodio cristalizado). Practicó y enseñó Química y Medicina en Salzburgo, Viena, Basilea, Frankfurt y Colonia. Llama "agua" a lo que Paracelso llama mercurio.

Trayectoria

Viajó por Alemania, Suiza, Austria y Holanda hasta que en 1668 estableció un laboratorio en Amsterdam en una casa donde había trabajado con anterioridad, conocido como Instituto Hermético. En 1651 marchó a Alemania creando un laboratorio en Kissingen para la obtención de productos químicos y farmacéuticos. De regreso a Amsterdam abrió otro laboratorio de mayores dimensiones, que ha sido considerado como precursor de los modernos laboratorios industriales.

Aportes

En sus primeros años, Glauber vivió en Viena y después en distintos lugares del valle del Rin. En algún momento de este periodo de tiempo se dio cuenta de que se podía obtener ácido clorhídrico de la reacción del ácido sulfúrico con la sal común (cloruro sódico). Este era el método más conveniente hasta entonces descubierto para la fabricación del ácido clorhídrico, aunque en realidad Glauber se interesó más por el residuo (hoy llamado sulfato de sodio).

Glauber profundizó en el estudio de esta sustancia notando su efecto como laxante. Su acción es suave y a lo largo de la historia siempre hubo gente que daba gran valor al hecho de soltarse el vientre. Glauber, apa­sionado con su descubrimiento, lo llamó sal mirabile («sal maravillosa») y lo anunciaba como remedio para todo en los últimos años. Creyó que incluso le había curado el tifus en una ocasión.

No se considera hoy día como remedio para todo, aunque el nombre común con que hoy se le conoce al sulfato sódico es el de «sal de Glauber».

Glauber hizo una serie de descubrimientos que lo enmarcaron dentro del cuadro de «los químicos de vanguardia», a pesar de que su interés por los «curalotodo» fue un atraso propio de alquimistas. Preparó dis­tintos compuestos con los metales entonces conocidos. Entre ellos estaba el tártaro emé­tico, una sal de antimonio de utilidad médica.

En 1648 se trasladó a Ámsterdam, donde habitó una casa que había pertenecido a un alquimista. Hizo de ella un verdadero labo­ratorio de química, muy moderno para aquellos tiempos, con hornos especiales y un equipo que él mismo había diseñado. Esta transformación fue como el símbolo del paso de la alquimia a la química que se estaba llevando a cabo en el siglo XV. Glauber preparaba compuestos químicos por métodos secretos y los vendía con fines medicinales. Utilizando vinagre, aceites, car­bón y otras sustancias obtuvo líquidos or­gánicos tales como los que hoy se conocen, como acetona y benceno. Le fue bastante bien el negocio, pues hacia el final de su vida tenía cinco o seis empleados en sus laboratorios.

Glauber se adelantó a su tiempo en su clarividencia de cómo se debían explotar los recursos naturales de un país para el mejoramiento de las condiciones de vida, publicando un libro en el que sugería el camino que Alemania debía seguir a este respecto.

La dedicación que Glauber le prestó a los compuestos medicinales le acarrearon su condena. Lo que puede ser útil en una cierta dosis, puede también ser tóxico si se exagera dicha dosis, y lo que puede no hacer daño si se toma una sola vez, puede sentar mal al tomarlo muchas. Se cree pues, que Glauber aceleró la llegada de su muerte por su continuo y constante trabajo con los compuestos medicinales. Otros químicos des­pués de Glauber han ido muriendo poco a poco por su trabajo, siendo el caso más notable el de Madame Curie.

Fuentes